jueves, 20 de enero de 2011

La siguiente historia trata sobre una de las cosas más bonitas que tiene ser médico. Como habéis podido comprobar en mis anteriores relatos, la mayoría son tristes, pero creedme, cuando os topáis con algún caso el siguiente, te olvidas de todo lo demás.

Eran las prácticas de obstetricia y aquella mañana, después de recorrernos medio servicio en los anteriores días, nos propusimos ir a paritorio y esperar a que alguna embarazada decidiese ponerse de parto, bueno, a ella, o a su hijo. 



Pudimos comprobar que las distintas salas de dilatación estaban todas ocupadas de futuras mamás preparándose para el gran ejercicio, pero, ninguna tomaba la iniciativa, asique, no había más remedio que esperar. Era gracioso vernos cruzados de brazos en mitad del pasillo, todo el mundo tan ocupado, con tantas actividades en la cabeza por realizar y nosotros ahí, parados. De vez en cuando, mandados por nuestra impaciencia, volvíamos a darnos un paseo por dilatación, pero sin éxito, todo estaba muy tranquilo, tan apacible, que incluso el personal se extrañaba.
Pasó una hora y ahí seguíamos. Al fin, cuando ya la paciencia tocó a su fin, decidimos irnos y probar suerte el siguiente día si fuese posible; cuando de repente, una camilla y abordo la embarazada irrumpió en paritorio como si de un coche de Fórmula 1 se tratase. No se trataba de ninguna de las chicas de dilatación (nos había dado tiempo a quedarnos con las caras de todas), venía directamente de urgencia y para más inri, era la hija de un enfermero del servicio, asique, ya os podéis imaginar, el paritorio parecía una sala de conciertos con tanta gente, y los asistentes espectadores impacientes por que saliese ya nuestro artista!.


Si alguna vez habéis visto un parto por la televisión o para los más mayores, habéis asistido al de vuestra mujer, hermana etc., ya sabréis cómo se encuentran las pobres mamás cuando se acerca el momento; todo es agitación, respiraciones, sudor, movimientos, empujes y una sensación de celeridad difícilmente descriptible. Pese a todo lo mencionado, siempre hay alguien que pone calma, y en este caso era una excelente matrona que en ningún momento se puso nerviosa y convirtió los nervios de la urgencia en un simple y seguro protocolo a seguir. Todo lo percibía como había visto alguna que otra vez en documentales o series, donde escuchas famosas palabras como: empuja, respira, cógele la mano, aprieta fuere etc., Eso sí, todo ello, como he mencionado, lo percibes, pero no lo sientes, lo que vives de verdad es el momento en que ese pequeño asoma con su cabecita saliendo de su madre (es increíble, os lo aseguro), el instante en que la directora de la orquesta, que es la matrona, lo coge y poco a poco, lo va trayendo a este mundo. Ante tal situación, todos estamos espectantes, sin habla, con ojos como platos y con el pulso por las nubes. Pero, todo eso se acaba en cuanto el nuevo ser, saca todo su pequeño cuerpo del vientre de su madre y empieza a llorar como un descosido, la melodía de la tranquilidad lo llaman algunos, y aquella mañana pude comprobar el por qué. Os cuento más, toda aquella mañana me la pasé con una cara semejante a la de un arqueólogo cuando descubre una figurita antepasada, incluso la gente me lo decía!.
Es la cosa más increíble que he visto en mi vida (y seguramente que veré), pero, aún voy más allá, no sólo lo ves, sino que lo vives, te haces parte de esa obra de teatro y cuando todo termina y ves a todos con caras de felicidad porque todo ha salido a pedir de boca, te sientes muy reconfortante y te embarga un sentimiento que, sinceramente, no hay palabras para describíroslo.

Sí, aquella mañana vi mi primer parto en vivo, y al igual que a “mi primer paciente”, tampoco olvidaré mi primer recién nacido. En cuanto a la pregunta del título del post, contestar que sí, hay magia en un hospital, ¿Dónde? Seguro que ya lo sabéis.

8 comentarios:

Drew dijo...

Jo, que bonito!!! :-)

El paciente y tú dijo...

Te ha gustado??

Si, es muy bonito, pero aún mejor con la sensación que sales de aquella sala! :D

Luchida dijo...

Y a mí que los partos me dan grimilla... No lo puedo evitar...

El paciente y tú dijo...

Dejando de lado todo lo "anatómico" o médico...te aseguro que es de las cosas más bonitas que puedes ver...

:D

Luchida dijo...

El significado precioso, sin duda. Quizás cuando sea mi propio parto (en caso de que algún día tenga hijos, cosa que cada día tengo menos claro) lo vea de otra forma. De momento la parte "médica" supera con creces a cualquier otra y es algo superior a mis fuerzas por lo que siempre termino cerrando los ojos.

Estampida dijo...

Precioso ^^ Me brillan los ojitos y to!

El paciente y tú dijo...

Hola Estampida!
Te ha gustado?? Me alegro!!! Sigue participando cuando quieras! :D

Anónimo dijo...

hola DIOS les bendiga es muy interesante lo que nos han compartido que lindo es vivir aquellos momentos cuando ves un parto en vivo es como volver ha nacer y sobre todo ves las maravillas que DIOS demuestra creándonos es estupendo.son lindas experiencias,yo soy estudiante de obstetricia en PIURA PERÚ y me gusteria que me envíes temas que compartes en mi correo estaría muy agradecida

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