jueves, 20 de noviembre de 2014

- ¡Espere espere señor! -tú con la hora pegada al culo, como siempre- Muchas gracias, planta 2 por favor.
- A la 2 vamos, hijo. ¿Ya hace frío aquí en León eh?

Un hombre, de unos 70 y medios años, baja estatura. Vestía de chaqueta marrón, de esas que abrigan a la antigua usanza, con una o dos tallas de más. Pantalones verdes, de olvidada pana, bombachos. Botines marrones, que seguramente vivieron tiempos mejores. Colmaba el atuendo una entrañable boina también marrón, de esas con cuadritos de rayas dobles a juego, enternece. Gesto amable, empático, atento, con mirada cálida, perdida en los rincones del ascensor, algo preocupada dije yo.

La mañana circulaba. Yo descubriendo los entresijos de la planta de nefrología, y a la vez intentando conocer a todos los pacientes. Sí, la primera semana en la que estás en un servicio nuevo, digamos que...tu flamante "L" de la parte trasera de la bata, luce más que nunca, grande, brillante con luces de neón. Resumiendo, una especie de pardillo.

Habitación 529. La siguiente.

- ¡Buenos días! ¿Qué tal se encuentra Evelina? -Me encanta hacer esto-.
- Buenos días hijo...pues mira, regular -Voz plañidera, gesto tierno a la par que cansado-.

Me percato de que no estábamos solos en la habitación. Había alguien en el baño. Al instante se abre la puerta y, ¿Adivináis? El ancianín de la boina entrañable era el marido de mi paciente. Curioso. Por supuesto, ya me presenté formalmente, Daniel se llamaba.
Avanzó hasta el borde de la cama y se sentó al lado de Evelina, acto seguido su mano derecha abrazaba la palma de la mano izquierda de ella, al instante, la mano izquierda de él acariciaba el dorso de la de ella.

- Algo no va bien doctor, no veo que mejore...- No era un reproche, era un atisbo de lo que decía su mirada en el ascensor, sólo estaba preocupado-.

La verdad es que en estos meses en León, he podido ver a muchos ancianos en el hospital, con sus respectivas familias. Maridos, esposas, hijos, nietos, hermanas, hermanos...cualquiera, he visto gestos de complicidad, de cariño, de amor, de anhelo, pero, me llamó la atención todo de esta pareja.  Se miraban con ahínco, él le besaba la mano a ella, le temblaban las manos cuando le acariciaba, le preguntaba si le dolía algo más, le imploraba que me lo dijera, me decía que cómo estaban los análisis, si se vio algo en la radiografía, que cuál era el plan...todo con un tono de voz cálido, amable, dulce incluso. Volvía a acariciarle. Volvía a mirarla con gesto de preocupación.
No pude esperar más.

- Cuénteme Evelina, ¿Cuántos años llevan juntos?
- ¡Uuuuuyyy hijo! Toda una vida, desde los 14 años...-esas entonaciones y expresiones de las abuelas-.
- ¿Cuál es el secreto? -la eterna pregunta-.
- Quererse mucho y comprenderse, hijo.
Se miraron. Ella se sonrió y le quitó la cara con gesto suave pero firme a Daniel.
Os admiro.

Al día siguiente, volví a la habitación 529. Sólo estaba Evelina, pues Daniel marchó a casa a por unos enseres. Ahora fui yo quien se sentó en el borde de la cama, quería saber más. No hizo falta mucho para que ella me contara toda una novela sobre ellos, ya sabéis, las personas mayores guardan miles de historias deseosas de ser contadas. Me comentó que al principio sus padres no querían que estuvieran juntos y él saltaba el muro de su casa para verla, que se enfrentó a su padre...él lo tenía claro. Y más actualmente, me contó su anterior ingreso en el hospital, estuvo 3 meses, que creía que no iba a salir de "esa". Se deprimió, echaba de menos su casa, sus nietos, su rinconcito, sus gallinas, su patio...pero que Daniel y sólo Daniel la ayudó a salir hacia adelante. Me contó que se tiró día a día durante esos 3 meses con ella en la habitación, que por las noches dormía en la mecedora (sí, de esas típicas e incómodas hospitalarias) o por contra, que no dormía, sólo pendiente de sus posibles quejidos de dolor. Por más que enfermería le decía que marchase a descansar, él no marchó.
Nunca marchó.
Y así toda una vida.

La verdad es que hasta ahora, mi personal idea sobre el romanticismo sólo estaba definida en mi cabeza, sólo era producto de mi imaginación, intangible, surrealista según algunos...pero con Evelina y Daniel te das cuenta de que existe, de que se puede.
Transgredir, desvivirse, desafiar, darlo todo por ese alguien. Que no se acabe la famosa llama, que siga dando calor, que calcine aún más. Un por fin, sin que sobre el por.

Lo sé, existe.

lunes, 22 de septiembre de 2014

Te engañaron.
Te lo pintaron como una especie de final sin perdices.  Cantautores, poetas...todos lo tintaban de tristeza.  Una canción asonante o una poesía sin rimas, lo que sea.  Fue el mes en el que Cupido se quedaba sin flechas o sin puntería. Los amores de verano terminaban y los amantes se besaban por última vez, o en el peor de los casos, el beso se quedaba preso de tu traviesa vergüenza.  Qué injusta fuiste siempre.
Por otra parte, era el mes en el que forrabas tus libros y algo más, como tu libertad de pegatina.  Olisqueabas tus cuadernos...quizá en busca de fragancias veraniegas.  El cielo de azul a gris, los ojos de verde a marrón, labios de rojo a rosa, el corazón sin vuelcos...la playa sin el azul...

Estaba claro, Septiembre era culpable.

En este primer verano de mi nueva vida me siguieron ocurriendo miles de cosas. Yo creo que me ha dado tiempo a sentir/vivir todo tipo de sensaciones/vivencias, permitidme la redundancia.
He hecho maletas y todas deshechas, se quedaron compuestas y sin viaje de vuelta.  Me he/han desconfigurado, pero tranquilos, me volví a configurar. Es curioso, también me ha dado tiempo a descubrir nuevos "tipos" de personas, y yo que creí que a mis 27 inviernos les quedaba poca escuela de ello.  Sigo guardando silencio ante unas, pero me expreso en otras...hay personas que por mucho que te llueva, te prestan un paraguas, o un gorrito, o un chubasquero, o directamente...te abrazan para que no te mojes sólo. Personas que en cualquier situación, te arrancan una sonrisa, almas que te prestan un pedacito para que cicatrices, que te dan azúcar en la peor guardia, que te recuerdan lo bueno que eres, te hacen confiar en ti mismo, en cómo eres, te arreglan tu brújula (no apuntaba norte, casualmente, todo era sur), que sin a penas conocerte parece que saben exactamente qué decir o hacer...que como decía en un tuit esta semana, "menos mal" que han estado o están ahí, porque ojo, estas palabras tienen un único remitente pero varios destinatarios. Gracias.

Y adivinad...llegó Septiembre. Con su frío vestido de calor, con su vuelta al cole con disfraz de vacaciones y con un "tengo que hacer los deberes" maquillado de "voy a desconectar".  El mundo al revés. El cantautor logró encontrar la melodía, el maltrecho poeta terminó con rima su verso y Cupido...perdón, preferí darle vacaciones.
Exactamente querido lector, esta vez mis vacaciones han sido en Septiembre. Llegué a casa cuando ya el cole había empezado, unos cinco graditos menos, mi familia ya currando y la playa semidespoblada.  Vamos...todo lo que antes me "entristecía" ahora resulta que es de lo más agradable y estoy tremendamente feliz por vivirlo, por volver a sentirlo donde lo solía hacer.

Supongo que es cuestión de percepción, de verlo con otro cariz, de sacarle partido a lo que hay y no a lo que hubo.  A lo que somos, y no a lo que fuimos. De hacer trampas y mover de cruz a cara...porque se puede, de verdad.

Septiembre era inocente, eras tú el único culpable.

martes, 17 de junio de 2014

Desde que empecé la residencia me han ocurrido (como podéis imaginar) mil y una cosas. Es normal, vas con tu batita deshilachada blancoamarillenta con el logotipo moribundo de tu hospital, mas tu cara de novato y claro...eres el blanco de todo suceso.
Tuve mi primera guardia, y mi segunda. Dios nos pilló confesados, gracias a Dios.

Lo cierto es que, desde que me presento como "Hola tal, soy el Dr tal y voy a ser su médico" la historia ha cambiado. Si habéis leído alguno de mis posts como estudiante, podíais intuir que era casi parte del mobiliario, un gadget más del piloto principal...como un actor en ciernes que sólo y exclusivamente entraba en escena para...cómo decirlo, ¿Hacer bulto?.  Eso ha cambiado, ahora en ocasiones, y sólo en ocasiones (por ahora) soy el protagonista del teatro.  Como decía, me ha ocurrido de todo: me han presentado a ciento y la madre de representantes (son hombrecitos o mujercitas muy bien trajeados o vestidos, con la más amplia de las sonrisas y extremadamente amables, representan fármacos, son como nuestros friends forever en el hospital), me han dado ya la invitación a un congreso (Sitges nada más, y nada menos...), mi jefe me "recriminó" una acción (puntualmente me metí la mano en los bolsillos delante de un enfermo, se me disculpe), me he perdido una y otra y otra y otra...vez por el hospital, he llegado sobre la bocina a una sesión clínica, he llegado media hora antes a una sesión clínica, me he vuelto a perder en el hospital, he sufrido las consecuencias funestas de una guardia, sufrí un traspiés delante de la cama de una paciente y casi me voy de cabeza contra ella, me he equivocado de box, he entrado en un box antes de tiempo (con la consiguiente regañina de la enfermera, según ella, el paciente aún no estaba preparado para mí...me hizo gracia), me he dado contra la p*** manivela de las camas en la espinilla con el consiguiente ¡Me cago en! (todo interior, otra vez fue al entrar a un box, estaba feo exteriorizarlo), me he olvidado de los nombres tropecientas veces, me ha invitado alguna que otra ancianita a su pueblo para hacerme "buenos potajes" (les conté que venía desde muy al sur y no me traje a mi madre), esas ancianitas también me han querido presentar a sus nietas, algún que otro paciente ha preguntado ya por mí al no verme el día anterior (enormemente halagado), a 15 minutos de mi segunda guardia me doy cuenta que la talla del pantalón del pijama es la "P" de Pardillo, porque de "Pequeña" nanai...dentro cabía un elefante conmigo (imaginaos), he auscultado (es cuando os ponemos en el pecho o espalda ese aparatito con auriculares y trompa) a un paciente, me he quitado el fonendo, mi tutora me preguntó por el soplo...¿Que sopló quién? Ay madre...los pacientes me han dicho "Gracias doctor" al despedirse, también me ha...espera, frena, ¿Que me han dicho qué?

Tú esbozas una sonrisa, y les agradeces a ellos haber tenido paciencia con la espera y por supuesto, haberse portado tan bien contigo.  Es que es increíble.  Y no porque te agradezcan tu trato, en absoluto, es mi trabajo y punto, es algo más profundo que eso.  Es un sentimiento. Como un vínculo que tú has establecido con ellos, tú has hecho lo posible por cuidar de ellos y ellos, han cuidado de ti a su manera.

Como habrás podido observar, querido lector, he escrito varios items en mi diario, pero me quedo sólo, y exclusivamente con una cosa.  Que si tú sonríes al paciente cuando le hablas o tratas, él te devuelve la sonrisa (por muy mal que esté en ese momento, os lo aseguro), que si tú le tocas o le coges de la mano, ellos vuelven a sonreir y aparcan su carilla de malestar por una de difícil descripción, quizás una mezcla de agradecimiento y bienestar, que si tú les haces una simple pregunta como ¿Necesita algo? cada vez que vas a verles, ellos sonríen y te lo agradecen.

Quizás no les pueda ayudar mucho todavía desde el punto de vista médico (llevo una "L" bien grande en la espalda), pero lo que si sé, es cómo me gustaría que me trataran a mí, o a mi madre, o a mi padre o...siguiendo con la media de edad, a esa que marchó al cielo en busca de sus recuerdos.

La consigna es clara... Todo por mi paciente.

sábado, 24 de mayo de 2014

¿Y ahora qué digo? ¿Qué escribo? ¿Qué te cuento?

La verdad es que me alegra verte por aquí de nuevo, a ti por leerme y a mí por...volver a volver.  En estos más de 10 meses que llevo sin escribirte he empezado y terminado posts en sólo una línea. Todos en la papelera.  Reconozco que a veces me ha podido la "presión" de volver a escribir algo que merezca la pena;  pues aunque a priori se me encendía la bombilla y con prisa corría a escribir, al poner el primer punto lo borraba todo y apagaba.  Me exijo a mí mismo, mucho, muchísimo, más de lo que debería me dicen, y mi pequeño blog no se libra de ello. Por supuesto.

Como decía, en estos más de 10 meses, me han ocurrido (como podrás imaginar) tropecientas mil cosas. He vivido la etapa del MIR, he sobrevivido y para más inri, empiezo a estar contento por ello.  Pues sí, muchos esperabais que escribiese sobre esa etapa en mi vida, pero la verdad es que otros compañeros bloggers, lo hicieron más y mejor de lo que yo lo hubiera hecho, y pasé de repetirme.  Pero para que no me pierdas el hilo, sólo te diré una cosa del MIR, se sobrevive y sobre todo, se aprende (no sólo medicina, sino  otras tantas y tantas cosas).

Nada salió como en un principio esperaba, absolutamente nada. El día de la adjudicación de plaza  (que es cuando según la nota que sacaste y posterior número de orden, debes ir al ministerio a decir qué especialidad quieres) siempre lo imaginé como uno de los días más felices de mi vida. Pensaba, saldré pegando botes (soy muy crío aún), lloraré, abrazaré...estaré exultante...
No me voy a esconder, no soy así, no pude elegir mi primera opción, como todos sabéis, yo quería ser gineco y aquella tarde me quedé a las puertas de serlo.  Sigo reconociendo...aquella tarde salí decepcionado, enfadado conmigo mismo, derrotado, cabizbajo (no, no hubo saltos). Aquella tarde la lluvia de Madrid no fue quien mojó mi cara ni mis ojos.  Aquella tarde, lloré muchísimo y las noches siguientes, aún más.

Nada salió como en un principio esperaba, absolutamente nada, repito, pero...todo ocurre por algo, ¡Siempre!. Pasan los días y cada vez te va ilusionando un pelín más esa nueva "amante", neumología se llama.  Siguen pasando los días e incluso te entran ya ganas de empezar y verte ejerciendo, ¿Verte qué? ¿Ejerciendo? ¿Ya? ¿Llegó el momento? ¿Ahora somos nosotros el médico? Sonríes (yo justo ahora lo estoy haciendo).  Sí, estoy contento, muy muy contento de estar donde estoy y ser un futuro neumólogo.  Aunque lo reconozco...no te olvidas de esa chica de la que has estado enamorado de un día para otro, siempre hay un "volver a volver".

Como me habréis leído por las rrss, soy R1 de neumología en el Hospital de León.  Me ha sorprendido, sobrepasado todas y cada una de mis expectativas, en cada frente.  El mismo hospital es impresionante, el servicio es potente, la ciudad me gusta y la gente es...es...tremendamente increíble. Mis compañeros son geniales, estoy reviviendo una especie de primero de carrera y eso también me motiva, es importante sentirse a gusto, y yo, por ahora, lo estoy, y mucho.  Mis R' mayores (para que os hagáis una idea, son los médicos que llevan uno o dos años más que yo en el servicio) me tratan de lujo, me han acogido muy muy bien y me siento afortunadísimo de ello. ¿Algo malo de León? EL FRÍO!!! (tenía que decirlo..jeje).

Ya tocaba volver a escribirte, en el fondo lo echaba de menos...son las 2:14 de la mañana, todo está a oscuras, estoy frente a la ventana con unas buenas vistas y habla el silencio, no pude resistirme. Esta vez no.

Pensé en no escribir más e incluso cerrarte...pero como dije en mis primeros posts, mientras que haya alguien dispuesto a leerme, seguiré adelante. Gracias a todas esas personas que casi me han "obligado" a volver por aquí...me siento muy halagado por ello, de verdad.

¿Volvemos?

miércoles, 17 de julio de 2013

- ¿Qué quieres ser de mayor, pequeño?
- Voy a ser médico.

He imaginado tanto, tantísimo, cómo sería esta entrada, que ahora no me salen las palabras. Escribiré "tal" (pensaba...), pero también mencionaré "aquello otro" (volvía a pensar...), será emotiva (imaginaba...).  Tanto diseñar mentalmente y tanto abarcar que ahora sólo me salen pequeñas lágrimas en vez de letras...

Me emociono, sí, y no lo escondo.  Cuando comencé en esta carrera (de fondo), jamás imaginé que iba a tener tantas piedras en el camino, tantos reveses, tanta frialdad en ocasiones, tantas desilusiones, golpes, asperezas, desengaños, golpes, bajadas, ansiedades, golpes...golpes...Sabía que no iba a ser fácil, la elegí a ella porque no había otra, mejor dicho, no existía otra, ¿difícil? Sí, mucho, pero ¿Y qué?.  Mi padre desde pequeño siempre se encargó de decirme que "Siempre terminamos rompiendo una piedra, por muy dura que sea".  Y siempre tuvo razón.  No entré en mi primer año de selectividad en la universidad, tuve que esperar al siguiente para hacerlo.  Sólo existía medicina.  Y el año pasado no logré terminar la carrera en mi año, lo que fue un durísimo golpe para mí, ver cómo mis compañeros llegaban al "final" y yo otro añito más fue muy desesperante.  Desesperación, esa es la palabra.  Luego ver cómo escogían plaza, la ocupaban, la ejercían, sus primeros sueldos...me convertí en mi propio enemigo.  Mucha impaciencia.

En total 8 años he tenido que esperar para romper "esa piedra".

- ¿Qué quieres ser de mayor, chaval?
- Voy a ser médico.

Recuerdo cada emoción (buena o mala) que he vivido en esta etapa de mi vida y a cada persona que me ha acompañado.  Las hubo que sacaron billete de vuelta pero también de ida, otras que decidieron quedarse, muchas que sólo pararon a repostar y algunas que definitivamente, eran parte de este viaje.  
La primera vez que despedí a mi familia desde mi piso (¿desde dónde? Ala...mi piso...en Lleida), la primera vez que me llevé tuppers (lentejas y puchero), la primera vez que pisé una clase de medicina (embriología), la primera vez que saludé y hablé con alguien (Pepe y Dani, de Elche y Alicante, respectivamente, muy grandes!), la primera vez que hice la compra yo solito (en el Carrefour de Lleida), la primera vez que pisé un hospital con la bata (cuidados paliativos), el primer paciente que visité como estudiante (Lorenzo), la primera vez que me puse malito y mi madre no estaba mimándome (Gripe), la primera vez que hice una locura abusando de mi libertad (irme a Salou a las 5 de la mañana para ver amanecer en la playa), la primera vez que una noche me agobié y paseé (con Laura, una grandísima persona), el primer examen de la carrera y el cual suspendí (Física médica, yo soy de muchas letras, no de números), la primera vez que comí en el hospital (de primero "paella" y de segundo un muslito de pollo), la primera vez que lloré (echaba mucho de menos a mi familia), la primera vez que me escapé a Almería (el 1 de Noviembre, sin avisar, les llamé cuando ya estaba delante de la puerta), la primera vez que necesité conducir para olvidar (hacia Viella, hermosísimo lugar al que volveré), la primera vez que me hicieron daño (mejor olvidarlo), la primera vez que aprobé todas (el primer año), aquella vez que alguien vital para mí marchó al cielo (lo he conseguido mamica)...perdonadme.
La primera vez que hice la historia clínica a un paciente (una, en este caso, mujer que acudía por crisis asmática), la primera vez que entré a quirófano (un tumor cerebral, me mareé), la primera vez que....

Y así podría seguir casi toda la noche, pero tranquilo lector, no voy a castigarte así.

- ¿Qué estás estudiando tú?
- Voy a ser médico

Quiero agradecer de corazón a todas y cada una de las personas que me han acompañado en este viaje, que como digo, ha durado 8 años.  A todas, sin excepción, estén o no en mi círculo...porque todas me han aportado su granito de arena para conseguir mi meta, pese a que quizás en el momento no lo supe ver así.  Querido lector, las personas entran y salen de nuestras vidas porque así tiene que ser, y las que salen, también te ayudan a ser como eres.
Pero por supuesto, toda mi admiración, cariño, amor, devoción y todo mi sentir va para MI FAMILIA.  Les he dedicado más de un post, pero es que no me canso de repetirlo, para mi es lo primero, es mi punto de equilibrio, mi base...sin ellos no soy absolutamente nada.  Mi padre me ha enseñado desde pequeño a no conformarme con poco, a luchar, luchar y más luchar aunque las cosas se pongan feas, a persistir, a no rendirme jamás, a ser agresivo con lo que deseo, a mirar las cosas de frente, a tener mucha personalidad ante el miedo...mi entereza se la debo a él; me transmitió que la profesión más bonita era la de ser médico y por supuesto no se ha equivocado.  Gracias papá, te quiero.  Mi madre, puf...mi reina, mi princesa, esa que siempre ha estado ahí, un beso, un abrazo, una caricia, un "ahiii mi niñoooo", un "cariño no estés así, estoy segura que todo saldrá bien", un "ánimo que tú puedes, eres muy grande", es mi todo, moriría por ella, moriría por su cariño, ese que me ha transmitido, la ternura...Gracias mamá, te quiero.  Mi hermana, mi niñera cuando era pequeño, mi segunda madre, la quiero con locura, mi donante de mimos, mi cómplice de sentimientos, mi otro yo...una grandísima mujer y madre.  Mi hermano, mi mentor, siempre lo he mirado con admiración, desde que marchaba a Granada para estudiar, cuando venía y pasaba los cortos findes conmigo, cuando me llevaba a todas partes, joder me hacía muy feliz! y el día que lo vi por primera vez con la bata de médico puesta fue todo un orgullo para mí, ser como él; un grandísimo hombre y desde hace unos años, un padre ejemplar.  Mi sobrino, para mí como mi hijo, es una personita increíblemente cariñosa, atenta, tierno, inteligente, mágico...siento en el alma no poder pasar más tiempo con él, pues cuando lo hago, es una inyección de cariño, de sentimiento...hace unos días lo enseñé a montar en bici y sé que es una cosa muy simple, pero no veas lo que me llenó; te quiero pequeño! Y luego están mis sobrinitas, que son preciosas!!!! A las que veo muy muy poco (viven en Vigo) pero que quiero con locura, son las más pequeñitas de la familia y ya os podréis imaginar...
Y por último, está el resto de mi familia...que como les dije el día de mi graduación "Si alguna vez llego a ser un gran médico, será todo gracias a vosotros".  Os quiero muchísimo.

Querido lector, hoy por fin, este que te escribe y que tanto te ha escrito sobre objetivos, por fin ha cumplido su sueño.  La carrera (de fondo) ha llegado a su meta.

- ¿A qué te dedicas?


- SOY MÉDICO.

miércoles, 27 de febrero de 2013


¿Me podéis hacer un favor?
Moved los dedos de vuestras manos.

Cualquier superficie es susceptible de ser tocada, sentida...infinidad de información con sólo un simple gesto que nos lleva menos de un segundo realizarlo.

¿Me hacéis otro favor?
Quiero que vayáis y sintáis el agua, me da igual de dónde, de un grifo, charco, lago, río, lluvia...saca tu brazo por la ventana si es así, verás que sensación.  Después, busca cualquier tipo de tela, terciopelo por ejemplo. Pasa la sensible yema de tus dedos sobre el material, una y otra vez.  Siéntelo. ¿Qué te inspira?  Prueba ahora a coger cualquier alimento (¿qué tal algo dulce?) y llévatelo a la boca.
Me encantaría que también hicieses algo más.
Ponte delante de tu pareja o amigo/a...en definitiva, cualquier persona con la que tengas confianza.  Ambiente tranquilo, sin molestias, sin ruidos.  Acércate a esa persona, hasta tal punto que sientas su calor, su olor corporal, oyendo sus inhalaciones y espiraciones.  Muy cerca, pero sin llegar a tocaros.  Cerrad los ojos, ambos, que se apague la luz y que en este momento sólo vuestro oído y tacto sean quienes manden.  Empezad a tocaros, con un orden.
El pelo por ejemplo, escudriñar cualquier mechón, seguid con los dedos cualquier pelo...que vuestra imaginación premie.  Las orejas, dibujad su forma, acariciarlas suavemente, sentid lo duro y blando de ellas. La nariz, el mentón, pómulos, la frente, los ojos, labios, cuello, hombros, brazo, antebrazo...
Cogeos de la mano y analizarlas, con movimiento, sin él, pero recuerda, siempre con los ojos cerrados.
Si es tu pareja la que está delante, hazle el amor, siente a esa persona, disfruta de su hermosura, de sus curvas, de su sexo, de su tacto, de sus movimientos...todo.

¿Os habéis sentido? ¿Ha sido difícil?
Empleamos demasiado tiempo con la vista ¿Verdad?.

Bien, ahora quiero que salgas a la calle, ve a cualquier sitio, a tu sitio. Anda, anda más deprisa, corre, salta, elévate todo lo que puedas...y luego túmbate, ¿qué tal sobre césped? Toca el verde e incluso mánchate las manos.

Y ahora, si me permitís, os voy a implorar el último favor.
Contestadme a algo, ¿Os ha costado algún esfuerzo algo de lo que os haya pedido?

Lamentablemente, nos damos cuenta de los mínimos detalles demasiado tarde, nos queremos poco y deberíamos querernos mucho más pues no somos conscientes de la aparentemente banal pero rica información que nos rodea y que sentimos cada segundo, minuto, hora o día.

Fdo.: Alguien en silla de ruedas que no puede sentir o hacer todo ello.

martes, 19 de febrero de 2013

 
La mañana anterior fue la primera vez que le eché valentía a eso de acercarme a los pacientes.  Mi bata y yo, nos quedamos rezagados de los compañeros y decidí quedarme charlando con un anciano, aquejado de patología pulmonar, grave.  Hablamos de todo y nada, como toda primera conversación con alguien: de fútbol, de dónde era yo, de dónde él, cómo se encontraba...pero sobre todo del deporte rey.  Y es que él era del Barcelona y yo del Madrid, bien! (pensé) buen punto para empezar a entablar confianza, yo me metí con él y viceversa.  Le arranqué una sonrisa.
 
Al día siguiente de prácticas, entré en la sala de médicos de la planta y en la pizarra donde constan los pacientes, seguido del número de habitación de mi nuevo amigo estaba escrita la palabra "Éxitus".
 
Sinceramente os digo que por aquel entonces no sabía lo que significaba esa palabra, aunque mi razón me advertía que quizás era lo que no quería que fuera.  Efectivamente. 
 
Y es que, vivimos en un éxitus constante.  Mueren días en agendas, yacen memorias en coma y desgraciadamente, fallecen sentimientos a diario. Afortunadamente, también pasa a mejor vida el dolor.  Equilibrio perfecto.  Lo malo, es que este último parece que goza de inmunidad a toda vacuna con "olvidar" como principio activo.  No nos engañemos, tendemos siempre a recordar el dolor de determinada época por encima de cualquier otro sentimiento.  Aquí es cuando los de primera fila patrocinan las típicas frases de mirar hacia adelante, descubrir el lado positivo, hacerle cosquillas a la vida y tropecientos mil marchitos tópicos más que se supone que como agua de mayo aliviarán todas tus penas.  ¿Admitimos agua de mayo en vez de alcohol? ¿Es que acaso el mejor y más positivo de los psicólogos no se puede deprimir?
 
Mueren lectores a diario (ya no les gustas), followers (pensaba que...), amigos (se reencarnan en enemigos), enemigos (en amigos), células, creencias, principios, lunes, martes, miércoles....lunes, martes, miércoles...tu bolígrafo favorito (puta tinta), tu planta preferida (el verde dió paso al amarillo), tu Pou (un infarto, era obeso)...
 
Soy de los que piensa que, ese paciente que agonizaba, merece morir en paz y dejar de sufrir, que todos esos sentimientos, recuerdos, dolor, días y demás temas mencionados, si mueren es porque tenían que hacerlo.  Todo muy simplista, pero, ¿Me lo explicas tú mejor?.
 
Y quién sabe, quizás este "último" post sea la esquela de este blog, sólo el tiempo lo dirá. Cierto, también es susceptible de éxitus.
 
Me doy por satisfecho, le arranqué una sonrisa.

lunes, 7 de enero de 2013

Ayer me sentí como un niño después de mucho tiempo.  Quizás tuvo que ver que era víspera de Reyes pero, esa sensación de sonrisa de crío mezclada con impaciencia infantil hacía tiempo que no la experimentaba.  Pasé casi el día entero buscando el regalo para mi sobrino (al final encuentras donde menos te lo esperas como siempre), lo escondí cuan perro entierra su preciado hueso, cogí caramelos en la cabalgata como antaño y luego terminé ejerciendo de Rey Mago adelantado al 6.  Todo por su sonrisa.

Y es que a veces se nos olvida que fuimos pequeños y ya os digo yo, que algo entiendo de anatomía, que en alguna parte de nosotros nuestra vena infantil sigue recibiendo sangre.  Vivimos inmersos en un destino y no disfrutamos del camino, todo el rato pensando en los objetivos, mirando relojes imperativos y se nos acelera el corazón por "¿y si no llego?", en vez de por dulces experiencias.
Para eso están los libros y la buena música, para evadirnos de lo que nos rodea.  No nos equivoquemos, leemos porque queremos imaginar ser personaje de otra vida, y escuchamos notas para tranquilizar a nuestro cerebro hastío de tanto juego de ajedrez.  Estaría bien vivir cada día una historia diferente, ¿verdad?

Un lunes quiero ser ese pobre Bukowski que llora alcohol de lágrimas por la fría calle, cansado, sólo, autoboicoteándose, imaginando letras que se hacen el amor en libros entre trago y trago.  No importa a donde ir, sino tranquilizar esa voz que tiene por apellido conciencia.  Después de despertarte en algún banco de cualquier parque te das cuenta que enlazaste con el martes.  Hoy me apetece ser aquel mendigo de amor, que anhelaba ser juzgado sólo por cómo era, duchándose en baños públicos, compartiendo mendrugos de pan y perdidamente enamorado de alguien que paradójicamente, después de limpiarse bien sus retinas vio aquel interior.  Se hizo miércoles y no tuve tiempo de leer pero si de escuchar, salí a la calle y el grupo urbano me compuso de la nada un "relájate y vuelve a sentarte en la silla".  El jueves te haré el amor tan fervientemente que creerás vivir en lo azul y no en lo terrenal, mis frases tienen erotismo, sensualidad, dulzura, pasión, azúcar, fresas, nata, chocolate, lazos de seda y te prometo, que bucearé tanto en ese mar de letras que en tu memoria vivirá esa noche por siempre.  El único final feliz que conozco se llama orgasmo.

El viernes directamente no me pararé a pensar en lo que he hecho durante la semana, no me arrepiento de nada, saldré a escuchar música a gran volumen o si tengo suerte, me casaré con cualquier conversación que me endulce los oídos al compás de mis articulaciones.  Sábado aún con vida, tendré que encontrar a aquella chica que me escribe cartas anónimas declarando su deseo de mí, apostando todo mi ingenio en cada pista para poder encontrarla y suturar por siempre mis labios a los suyos.

¿Y el domingo? Me vas a permitir (tú que estás leyendo esto), que descanse de melodías o de letras con imaginación...

El domingo me lo estoy reservando para escribirte esto...compongo yo mi historia.

Continuaré mañana...

¿Preparado para otra semana?

sábado, 5 de enero de 2013

Cuando era un crío solía meterme debajo de las sábanas y hacerme un campamento nocturno imaginario. Sí, recuerdo que con esa linternita que todos tuvimos iluminaba el interior, dando menos miedo entonces, y ale, a crearse el particular mundo.  Daba igual el exterior, si hacía frío o calor, si eran las 00:00 o más de media noche, si me tenía que levantar temprano o no, que el mundo se acabase, que girase en lado contrario, que la reina de los gatos maullara...tu mundo era ese campamento nocturno imaginario.

Tropecientos años después esta noche lo he vuelto a hacer.  La cama ha empequeñecido junto con las sábanas o yo he crecido, no sé, pero quizás me decante por lo primero.

El caso es que lo echaba de menos, joder, tengo la [puta] sensación de que ese mundo exterior del que quería escapar aquel pequeño ha aumentado su velocidad y yo voy sin el cinturón puesto.  Nos hacemos mayores y sin darnos cuenta ha pasado otro año más.  Parecía que fuera ayer cuando estudiaba para exámenes de Enero de un desconocido 2012 y hoy me doy cuenta que me faltan 9 días para conocer los exámenes de Enero de otro desconocido 2013.

Por ello necesitaba frenar, parar el tiempo, incluso he quitado la barra de "Inicio" del ordenador para no ver la hora, no existe, sé que todo se ha parado fuera.  También necesitaba no pensar en las cosas que me rodean, en las que han pasado...escupir sobre el dolor de algunos sentimientos, fabricar rendijas para escaparme de la jaula y cerrar sesión en algunas redes.

Pienso que todos tendríamos que hacer esto más a menudo, no importa si ya somos mayorcitos, la vena infantil nunca se tiene que perder y menos si con ello, consigues que las demás venas fluyan mejor.  Encerrarte en la cueva de mantas de franela y neuronas intrépidas para no ver que aquella persona no te cita en sus epílogos del año, que te conteste con cuchillos recién afilados para que la hemorragia de tristeza con la que le hablaste (no sin antes reunir un ejército de valor) aumente aún más.  Tranquila, ese ejército ya se ha retirado.  O de aquellas otras que se disuelven como azucarillos en el café, como el sabor de un chicle en tu boca, intenso al principio, desaparecido al final...putas navidades.

Os escribo desde mi campamento imaginario, ese que ya no funciona...

Ya no evade, el exterior sigue estando ahí.

Y a ti, ¿te sigue funcionando?

martes, 11 de diciembre de 2012



Suele decirse que de donde menos te lo esperas, surge la primera línea de una historia.  Extensa o, tan corta como una noche, aunque lo suficiente para mecanografiarse en tu memoria.  

Vas confiado pero, ¿Hay algo a lo que temer? Sí, mucho, más de lo que puedes imaginar.  Las manos te empiezan a sudar, el volante se resbala por el agua y por traqueteos del maleducado nerviosismo.  Llegas.  La espera a la llegada siempre es un buen motor de pensamiento, mientras viene, recaes en tus horas de estudio, tu alergia a lo social en ocasiones y aún peor, en todo lo que te queda por tragar del mundo tiempo.  Pero esta noche, toca desenchufarte, cambiar a modo "stand by", relajarte y untarse de...

Miradas cómplices cuando toma el asiento del copiloto.  Ahora tus antiguos y desalmados pensamientos se tornan en "Qué hermosa eres"...

¿Nos vamos? 

Preguntas ingenuas.  La noche se empieza a pintar de imprevistos previstos, artistas fuera del guión esperado, improvisando cada escena.  Sonrisas, gestos, miradas, secretos compartidos, silencios entendibles (pues ellos también hablan pero sólo para el buen entendedor), confesionarios improvisados y...

Paras el coche, lugar perfecto.

¿Te vienes?

Un "Sí, claro" y cuando quieres percatarte estáis los dos sobre el capó de tu coche, tumbados sobre la luna del parabrisas, impregnados de oscuridad y puntos amarillos.  Pero llega el instante en el que sólo miras el techo de la noche, no lo observas, te das cuenta de que en tu mente no hay diálogos del universo, sólo hay deseos de hablar, de expresarte con esa persona que tan buen sentido del oído desarrolla contigo.  Y lo haces.  Eres de poco expresar, de poco exteriorizar y de poco alquilar tus inquietudes, pero contigo sí lo hago.  Después de vaciarte, empiezas a escuchar "Te entiendo", "Te comprendo", "Yo estoy aquí para lo que quieras, te apoyo, lo conseguirás", "Qué raro es todo"...

Cógeme la mano.

Más fuerte.

Palpitaciones, miradas midriáticas, iris resplandecientes en la semioscuridad, pupilas entrelazadas, manos que no desenlazan cuerpos...

"Tranquilo"... (mi pulgar ahora acaricia tu palma)...

Bocas huérfanas empiezan a estar sedientas de besos y en tu cabeza el mundo está en modo silencio. No hay mapas para esas bocas pues saben perfectamente el camino, van solas escoltadas por el deseo, cierras los ojos y en tu ceguera sólo mandan sus labios.  Esta noche quiero que seas bacteria y yo medio de cultivo, que traces las líneas de mi "electro", quiero tirar todos los días piedrecitas a la ventana de tu memoria, por si me puedo colar; tampoco quiero que termine esta escena, pues llamaré a tu contestador y me pasaré la noche entera pegado a tu voz si hay un fin...lo sé.

¿Qué está pasando? Ahora te daría un beso anestesiante, con "pasión" como principio activo, 5, 10 o sabe Dios cuántos minutos durará la fusión de labios.  Querré más y suturaré de besos tu boca, mis manos recorrerían autopistas de epidermis, tu tronco y abdomen no sabrán bien dónde están sus propios límites y los del cuerpo deseado.  Aquellas palpitaciones empiezan a tener eco en tus oidos, ¿Son tuyas? ¿Mías?.

Cabezas en ángulo agudo, bocas en pista de aterrizaje, ojo izquierdo frente a ojo izquierdo, manos isquémicas unidas, cuerpos inseparables y...

Suena el final del disco de vinilo nocturno, ese puto ruido se ha vestido esta noche de "Mejor parar"...captas la indirecta y escribes "FIN". Esta vez en las escaleras del pensamiento intentas encontrar razones a lo que ha ocurrido.  Ella se aleja de ti, conduces, unos cuantos kilómetros y sin darte cuenta estas metido ya en tu cama y te vuelves a hacer la pregunta...

¿Qué ha pasado?

Que esa noche, os habéis untado de atracción...

Continuará...
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