martes, 3 de enero de 2012


En esta ocasión no soy yo el que compone un post, sino que tenemos artista invitado, mejor dicho, invitada.  Se trata de @marinadomingz , estudiante de 3º de Enfermería y una futura gran enfermera, por supuesto.  Desde "El paciente y tú" siempre apostamos por tratar a los pacientes de una forma especial, atenta y afectiva, y como mejor ejemplo, este relato...

¿Empezamos?


Él se llamaba Justo. Era un señor mayor rondando los setenta y muchos y con patologías previas a su cáncer de colon. Ingresó con una grave rectorragia (pérdida de sangre a través del ano), blanco como la pared, pero son una sonrisa siempre dibujada en su rostro. Me cayó bien enseguida.  Le costaba articular bien las palabras, y no era fácil entenderle pero, era tan entrañable que no me importaba escucharle mientras me agarraba fuerte la mano y me pedía sobre todo, agua (cosa que yo no podía hacer, porque estaba en dieta absoluta y con transfusiones de sangre debido a la cantidad de sangre que estaba perdiendo).

En general, los pacientes oncológicos suelen tener mala calidad de vida debido a las complicaciones que les surgen, y Justo sin duda no lo estaba pasando nada bien. 

Era un hombre muy simpático y agradable, le cogí afecto casi sin querer, y en numerosas ocasiones me acercaba a verlo, o a charlar con sus hijos o mujer. Ésta última es una delicia, siempre tuvo un gesto cariñoso hacia mí, y yo sentía que cuando entraba en su habitación siempre era bien recibida.  Él un día empezó a llamarme "Flor de Lis" y a hacer bromas con sus hijos sobre con cuál de los dos me iba a casar, estaba bastante mejor. Ya comía, se ponía sus gafas y leía el periódico. 

Siempre trabajó en la facultad de Medicina, no llegué a enterarme de cual era exactamente su función, debió ser a nivel de secretaría o algo similar, y uno de sus hijos casualmente también estaba trabajando allí, era informático.

Para mí, como es de imaginar, no era un paciente más. Y aquí entraría a colación un gran debate sobre si esto debería ser así o no. En general, todos los profesionales con los que me he ido encontrando en estos meses de prácticas han intentado que me quede claro que todos los pacientes son pacientes. No quieras intimar con ellos, no intentes ser más agradable de la cuenta y en definitiva, no te impliques emocionalmente. Simplemente trabaja. Realiza tu trabajo lo mejor que puedas, y se acabó.

Lo siento pero para mí no es así. Yo me implico y de paso sea dicho, me diferencio (#diferencia_T !) y la verdad es que disfruto mucho haciéndolo. Quizás se sufra más y se pase peor, pero no puedo tratar a las personas como si fueran objetos. Y si llega el día en el que "me canso" como suelen decir. pondré una frutería. Es algo que tengo muy claro.

Llegó un día en el que Justo se resfrió, un resfriado de esos que ya te cogen sin fuerzas o una neumonía o algo parecido... No lo sé, el caso es que ya no le bajaba la fiebre... Y en pocos días, como era de esperar, falleció.

Para mí no fue fácil, en otras ocasiones ya había visto más muertes en la planta, con la primera no aguanté, pero con Justo me quedé hasta el final.  

Al cabo de 2 o 3 días me dijeron que se había quedado en la habitación un cargador de los familiares de Justo. Claro, al principio no pensé en ello, pero luego me di cuenta de que yo misma podría devolvérselo a su hijo. Fui a buscarlo donde se suponía que trabajaba dentro de la facultad aunque, no sabía si lo encontraría allí o no. Pero hubo suerte, allí estaba Justo hijo, el cual se sorprendió mucho al verme aparecer. Solamente intercambiamos unas cuantas frases, le dije que al día siguiente le devolvería el cargador y el asintió tímido.

Bueno, al día siguiente aparecí por allí con mi mochila, papeles y bastante agobiada, pero mi estado de ánimo cambió cuando llamé a su puerta y otro hombre pareció haberse personado en aquella habitación. Me hizo pasar cerrando la puerta tras de mí, aceptó su cargador y tras mirarme de manera totalmente diferente a como me había recibido el día anterior me dijo:

"Mira, toma, esto es para ti de parte mía, mi madre y mi hermano; por lo bien que te has portado con mi padre y con nosotros"
                                                                                                                                                                                                                 
Acto seguido extendió su brazo y me dio una bolsa con dibujos. Yo no podía creerlo.

- No puede ser
- Te lo juro
- ¿Para mí?? No puede ser
- Lo es
- ...

Así que tras el momento de no saber qué decir y de absoluto asombro porque a mí, una estudiante de practicas, le hubieran hecho un regalo los familiares de un paciente fallecido... me pareció algo totalmente INCRÍIBLE. 

Y bueno, es una historia un poco larga, para contar algo que podía haberse dicho en menos párrafos, pero, ¿sabéis qué? ¿A quién le regalaron la caja de bombones? ¡A Mí! No es un regalo espectacular, es un simple detalle, pero el gesto y el hecho de simplemente regalar algo fue...aunque, no es el regalo, es el hecho de que tú has ayudado a alguien. 

Ahí es cuando te das cuenta de que el hecho de tratar así a los pacientes te reporta, no beneficios, sino satisfacción. Te hace sentirte útil. Hace que quieras seguir y que te guste tu trabajo. Te anima a luchar cada día.  Personalmente creo que es tan importante saber realizar todas las técnicas a la perfección como saber tratar a los pacientes y saber manejar las situaciones en las que las personas sufren.

A veces sólo necesitan que estés ahí, o que las escuches.

Fue algo que nunca olvidaré, al igual que nunca olvidaré a Justo, así como me gustaría que él nunca olvidara a su "flor de Lis".

Hasta siempre =)

¡¡Muchas gracias por compartir tu historia con nosotros Marina!!

10 comentarios:

Miriam dijo...

Estoy con la lagrimita asomando... de verdad... Es la filosofía de la vida tal y como yo la percibo. A mí también me encanta sentirme útil ayudando a las personas no por hacer un diagnóstico diferencial impresionante, sino por saber que estás contribuyendo a que alguien se sienta mejor, aunque sea con una sonrisa, con una palabra o un gesto...

Un abrazo!

Drew dijo...

Es una historia preciosa. Marina, ojalá nunca cambies. Besos.

Marina dijo...

Muchas gracias por esos dos comentarios. Me ha encantado poder compartir esta experiencia.

Y muchas gracias a "El Paciente y Tú" por darme la oportunidad de contaros esta pequeña historia, ha significado mucho para mí.

Un abrazo :)

María José dijo...

Por salud debe ser absolutamente necesario no implicarse, pero en ocasiones ( por algunas experiencias personales) me he preguntado como son capaces de conseguirlo. Una historia preciosa. María José.

MDoc dijo...

¡Qué historia más bonita!. Esa filosofía que creo compartimos algunos de los que estamos en profesiones sanitarias. En mis periodos de prácticas (la mayoría demasiado cortos como para conocer de lleno a los profesionales o a los mismos pacientes porque vas de un lado para otro) vas encontrando médicos de diferentes maneras de pensar. A mi me gusta la mía, la nuestra, de sentirme útil, de no tratar a la gente como si fuese un objeto, ni a los familiares.

De ahí que me gusten las prácticas de verano. Pasar un mes en un servicio permite conocer a la parte más débil pero no por eso menos importante, a los pacientes. Ya conté en mi blog la historia de una paciente que falleció inesperadamente y por la cual pasé uno de los peores días de mi vida. Pero no me importó, la tendré en mi recuerdo. A mi me ha llorado en el hombro una mujer porque temía que su marido muriese meses después de que lo hiciese su hijo. Yo he animado a una paciente desde la UCE hasta el alta hasta el punto de que siempre preguntaba por mi y sólo permitía que le contara yo lo que le pasaba, no el médico. Y dejo de hablar que me emociono y aburro a los lectores.

Gran historia Marina.

Inés Bajo dijo...

Una historia muy bonita, aunque hay algo que me entristece: "todos los profesionales con los que me he ido encontrando en estos meses de prácticas han intentado que me quede claro que todos los pacientes son pacientes...no te impliques emocionalmente. Simplemente trabaja"

Uno procura que las cosas no le afecten mucho, pero a mi me pasa. ¿Soy una mala enfermera por esto? Bueno, no lo creo....¿sería mejor si no me afectaran? Tampoco lo creo.

No pierdas eso nunca, creo que es básico

El paciente y tú dijo...

Quiero felicitar a mi compañera por esta gran entrada, ha sido todo un éxito, pues ha sido vista 126 veces ya y ha tenido 36 RTs!!!

Aparte de ello, lo más importante es mostrar el sentimiento o afecto de una persona o mejor dicho, de un colectivo (en su gran mayoría), como es la enfermería, en unas cuantas líneas, eso sí que es un logro.

Un abrazo!!!

Marina dijo...

Oh! Estoy encantada con vuestros comentarios :)

A mi me resulta muy difícil no implicarme emocionalmente con los pacientes. Supongo que también tiene que ver con la forma de ser de cada uno, con su personalidad. Tampoco creo que sea bueno ni malo. Aunque es cierto que en nuestra profesión debe venir un poco en el paquete o al menos hacer el esfuerzo de tratar lo mejor posible a las personas.

Otra cosa que creo importante señalar es que teniendo vocación, lo demás viene solo.

En Enfermería hay de todo, pero como en absolutamente todos los trabajos, pienso yo. Cuando ves a profesionales que les importa un pimiento los pacientes... y que hacen exclusivamente lo indispensable, te dan ganas de ser diferente. A mi por lo menos, me da mucha rabia.


Creo que debo corregir un poco la frase esa de "todos los profesionales con los que me he ido encontrando...". No ha sido exactamente así. Realmente hay de todo, pero aun así los más "humanos" insisten en que tu comportamiento sea.. bueno, pues que no exceda los límites de lo laboral, aunque te resulte muy difícil.

Yo en este corto periodo que llevo trabajando en el hospital, que es muy poco tiempo para un profesional de verdad, y mi relativa corta experiencia, pienso que me hace mucho más feliz y me siento mucho mejor "intimando" más con los pacientes, intentando tratarlos mejor o no se, haciendo todo lo que esté en mi mano para hacerles el trago menos amargo. Además ellos lo agradecen mucho y eso es algo que llena.

De todas formas, me queda mucho por aprender y muchos profesionales por conocer.

Gracias.

Ana M. dijo...

Ay!!! Me ha encantado la historia Marina!! Ha sido un placer leerte y ver que somos muchos los que creemos que un trato cercano con los pacientes es mucho más reconfortante/agradecido que simplemente ser excelentes profesionales y hacer diagnósticos geniales pero sin lograr empatizar con ellos...
Me has recordado mucho a mi madre, también enfermera y que no hace más que recibir "bombones" porque es de esas personas suaves, cariñosas, super serviciales, con las que los pacientes adoran hablar... =)
Tú eres de las mías ;)
Me ha encantado! Espero leerte alguna vez más!
Un beso!!

Raquel Gutiérrez dijo...

Preciosa historia Marina!! Como siempre te digo... No cambies aunque te parezca que vas a contracorriente... Tú vas po el buen camino!! :-) También estoy muy de acuerdo con Inés... Es preocupante encontrarse a tantos profesionales que sólo van a "sacar la faena"... Un abrazo!!!

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