sábado, 30 de julio de 2011

En primer lugar pedir perdón porque no estoy actualizando con la asiduidad que me gustaría, pero todo tiene un por qué.  Como muchos sabéis, hace unos dos meses, una noche de estas movidas conocí a nueva amiga, la cual hasta hace unos días no me ha dejado ni a sol ni a sombra, pese a ser verano.  Me acompañó en cada minuto de estudio (o la mayoría), en cada sueño reparativo que intentaba tener y lo que es más importante, estaba afectando a mi forma de ser.

Algunos/as supongo que ya sabréis de quién hablo, sí, mi querida Ansiedad.  Si os soy sincero y pese a estar estudiando medicina, cuando oía hablar a la gente de este padecimiento, no los entendía muy bien.  Para mí, estas personas eran, cómo decirlo sutilmente, gente que se preocupaba demasiado por sus problemas o hacía de estos una montaña demasiado grande como para llegar a la cima.  Por supuesto, pido mil disculpas por mis equívocados y díscolos pensamientos del momento, quizá por ello me ha tocado padecerla, para comprender a muchas personas que me rodeaban, lo acepto.

Para los que nunca la habéis padecido o sentido, primero, felicitaros; segundo, no creáis que esta pequeña gran "enfermedad" sólo la provoca el cerebro o cómo muchos dicen, "todo está en la cabeza".  Tengo mis motivos para apostar por esta afirmación y es que, por ejemplo, es muy duro estar estudiando y pasados unos  minutos darte cuenta de que estás más pendiente de intentar tomar aire que de lo que estás leyendo.  Así es.  O por otra parte, acostarte por la noche y empezar a aumentar la frecuencia respiratoria, cardíaca, notar tus extremidades cómo se van sin ti y tener que levantarte porque no lo soportas.  Añado por supuesto, el insomnio de dichas excursiones.  Ni que decir tiene que aquel luchador de sumo (recordad "Tú y el gelocatil de madrugada") se siguió sentando encima de mi humilde pecho, acarreando con ello mil y una limitación.  Sí, como por ejemplo, tener que dejar de hacer ejercicio, lástima.

También, la amistad con la susodicha te hace cambiar de personalidad, te vuelves más serio, más irascible, más impredecible y aún más importante, a la más mínima ya estás un pelín cabreado.  Pido disculpas por supuesto.

Así podría seguir y seguir hasta que blogger me dijera SMS 2, perdón, POST 2, pero tampoco quiero recordar cada cosa, ya que, llevo unos días que mi salud vuelve a ser la que era.  Mi querida última amiga creo que por fin se ha ido de vacaciones y me ha dejado a mí solito.  Me levanto por las mañanas con una sonrisa y mi humor creo que se está recuperando de tan profunda fraternidad.  Mirad hasta qué punto vuelvo a estar totalmente feliz que hasta me permito irrumpir en el blog y publicar una entrada sólo hablando de ello.

¿Consejos para sobrellevarla?  Indispensable, rodearos de gente que os comprenda, que os mime, apoye y os quiera de verdad.  Nada de medicinas, estas últimas sólo ayudan un poquito, pero creédme, esa persona que está ahí, con su simple presencia, sonrisa o "¿Estás bien?", te hará casi olvidarte de la ansiedad.  Por suerte, yo la tengo y, sinceramente creo que ella ha sido la partícipe de que hoy os diga esto en este post.  Gracias Jixa! :-)


Siento si os he aburrido, pero tenía muchas ganas de escribir sobre ello! :-)

2 comentarios:

Drew dijo...

Pues a mi me encanta que hayas escrito sobre ello, porque creo que es importante que todos sepamos un poco más en que consiste. Me alegro que tengas gente tan estupenda al rededor, y sobre todo de que estés mejor.

Saludos!

El paciente y tú dijo...

Gracias Drew!!

Ahora sólo espero que esto dure tiempo... :-)

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Licenciado en medicina con blog donde cuenta historias interesantes ocurridas con los pacientes, curiosidades médicas...te unes? No números, nombres!

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